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Calendario Bell’Italia 2019 | Vamos a descubrir la Civita di Bagnoregio

Civita, “el país moribundo”. Un nombre que más que un apodo parece una carga pesante. Pero Civita también es el pueblo que sigue brillando, desde la cima de su colina, desde donde mira con orgullo el Valle de los Calanchi.

 

Nos encontramos en Bagnoregio, en la provincia de Viterbo. Un área particularmente apreciada por turistas y familias por la belleza del territorio natural y sobre todo por la curiosa historia de Civita.

 

El pequeño pueblo, de origen etrusco y hoy considerado uno de los pueblos más hermosos de Italia, es de hecho un caso único en Italia debido a un factor verdaderamente anómalo: su aislamiento.

 

Los deslizamientos continuos han reducido las rutas de acceso a lo largo del tiempo, y hoy en día la única manera de ingresar a Civita es caminar por el puente peatonal de cemento armado de 300 metros de largo, construido en 1965 y ahora parte integral del panorama.

 

Para acceder a Civita debes pagar un ticket (3€ los días de semana, 5€ los fines de semana). Los ingresos se utilizan para trabajos de conservación.

 

Entre historia y arte

 

Civita se levanta en una colina de extraña maravilla, entre el lago Bolsena y el Valle del Tevere. Fundada por los etruscos hace unos 2.500 años, la pequeña ciudad siempre ha estado sujeta a fenómenos de erosión que con el tiempo han provocado una reducción gradual en el suelo transitable.

 

Los deslizamientos de tierra que persisten aún hoy en día, amenazan con hacer desaparecer tristemente el pequeño pueblo. De ahí el epíteto «El país moribundo».

 

Sin embargo, Civita sigue siendo un tesoro para ser salvado, rico en restos etruscos y romanos verdaderamente únicos. Hay muchas atracciones que lo hacen interesante desde un punto de vista histórico y artístico: La pequeña necrópolis etrusca, la cueva de San Bonaventura, las espléndidas casas medievales, los palacios renacentistas.

 

Todavía, la Iglesia de San Donato, que alberga el Crucifijo de madera milagroso, protagonista en el Viernes Santo de la cita más importante de la vida de la ciudad, y un fresco de la escuela de Perugino.

 

Entre los hallazgos mejor conservados que han marcado la historia del centro se encuentra la puerta de Santa María, una de las primeras bellezas que se admiran al llegar y el único punto de entrada al pueblo restante. La puerta está adornada con dos leones de piedra que agarran dos cabezas humanas, para simbolizar el orgulloso pasado de la gente local.

 

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